La
escena musical final de Horacio “Gamexane” Villafañe mantuvo el sino que
marcó al músico fallecido ayer por la madrugada a los 48 años: la
prepotencia musical de tocar bajo cualquier condición. La situación
sanitaria del guitarrista, insigne músico de la gesta del under y eje de
bandas centrales del punk, el postpunk, el hardcore y el mestizaje
locales, no era promisoria: “Venía mal desde los shows de Todos Tus
Muertos en Costa Rica y Panamá. Le daban vahídos, desvariaba, pero no
quería frenar. El 5 de noviembre tocábamos en México, en el festival
Rock para los Dioses. En el camarín, escupió sangre y nos asustamos mal.
No podía mantenerse en pie, pero quería tocar igual. Llamamos a los
médicos, lo medicaron y lo llevamos a una clínica, aunque insistía con
tocar porque había mucha gente esperando. Estuvo internado 40 horas
hasta que nos dijeron que no podían hacer más y nos recomendaron
traerlo”, le explicó a este diario Mundy Epifanio, el manager de ese
grupo y un bidecano amigo de Gamexane, con la noticia liberada de que
Villafañe había fallecido durante la madrugada del miércoles, luego de
varias hemorragias digestivas, en el Sanatorio Güemes.
Como hijito adolescente de un matrimonio de San Isidro, Horacio tuvo
su revelación temprana a mediados de los ’70 en San Bernardo, a través
de un DJ de la disco Sobremonte que solía permitirles a los interesados
quedarse luego del cierre, escuchando música y hablando sobre ella. “Un
día puso ‘De nada sirve’, de Moris, y dije: ‘¡Guaaauuu!’. Lo tomé como
el Gran Tema del Rock: está diciendo miles de cosas a la vez, todas muy
profundas. Hay toda una cuestión existencial, de la soledad, ante un
estado general de mierda y aburrimiento, cosas a las que el punk rock
también les dedicó letras. Soy libertario y anarquista, pero me gustaría
ser presidente para cambiar el Himno y que el nuevo sea ‘De nada
sirve’”, escribió Gamexane sobre aquella epifanía a mediados de año en
la sección Fan del suplemento Radar, en la que músicos escriben sobre
sus canciones favoritas (Página/12, 12-6).
En otras vacaciones, también costeras (Mar de Ajó, 1979), conoció la
realización estética de una ética de la que se apropiaría: el punk
encarnado en “God Save the Queen”, de Sex Pistols, salía de una fonola
de un local de flippers y retumbaría incesante en él hasta meses
después, cuando su fe recalaría en Los Laxantes, su primera banda punk.
Debutaron a fines del ’79 en Abba Café Concert, del actor Esteban
“Profesor Lambetain” Mellino, en otra página anecdótica de tantas que
hablarían de Villafañe en una eventual Enciclopedia del Rock Argentino.
El grupo duró hasta 1982, cuando a él y a su colega Pablo Esau les tocó
la colimba. Pero antes, en julio del ’81, hicieron historia en un show
junto a Los Violadores, Trixy y la Rosanroll Band en la Universidad de
Belgrano, que se señala como “el primer festival punk” de acá. El mismo
Rosanroll, Eduardo Camilli, conocido entonces como plomo de Pappo,
Spinetta y Nebbia, denunció lo ocurrido en el número de octubre de ese
año de Expreso Imaginario: “Durante la actuación de Los Violadores,
había una barrita punk dirigida por el guitarrista de Los Laxantes
(Gamexane, claro), que se pasó quemando papelitos, insultando a las
rockeras y pegando patadas a los rockeros de Belgrano”. Hubo sillazos,
piñas, 33 detenidos y el desembarco de la prensa escrita de
espectáculos, que llevaría a Los Violadores y al punk a sus tapas.
En la primera mitad de los ’80, interrumpido e incentivado por el
servicio militar, Villafañe cultivó su cultura punk incluyendo en el
hacelo vos mismo una militancia de organización y autogestión que
tomaría forma en una cooperativa de músicos independientes, y cosechó
historias, bandas, colaboraciones y notas en fanzines punktivistas.
Amplió sus bases de postpunk con Wire (el estado en su perfil de la red
social MySpace sigue comentando “Feliz por haber conocido a Wire”),
P.I.L. y Killing Joke, ganó en devoción por Adrian Belew, Ace Frehley,
Pappo, Ritchie Blackmore y Joe Strummer, y recorrió todo espacio del
momento. No siempre glorioso: “Che, Gamexane, ¿a quién le ganaste? Si en
el Parakultural vos cobraste”, versa “Guacho pulenta”, canción de
Comando Suicida dedicada por esos años a este revoltoso que pronto daría
forma a cinco grupos consecutivos casi al punto de lo paralelo. Armó
Control, breve ensayo de postpunk con Esau; Pyscho y el drama de las
Tres Cruces, con su amigo bajista y compañero de grupos Félix Gutiérrez;
y Todos Tus Muertos, la banda en la que se cristalizó toda su vida,
pero también una época y su filosofía. Y participó de La Sobrecarga,
grupo experimental a su modo, surgido de las entrañas de Trenque
Lauquen, que llegó a telonear a The Cure en Ferro (en la noche mítica de
1987, plena de represión) y aportó músicos a las primeras formas de Las
Pelotas y Divididos; y siguió creando Los 7 Delfines con Richard
Coleman.
A aquellos días apelaba ayer Ariel Minimal, ya difundida la noticia,
en su perfil de Facebook: “En un show de Todos Tus Muertos, allá por el
’85 en el Centro Cultural San Martín, empecé a ser quien soy. Antes era
el que quisieron mis viejos, el que enseñaron los curas del colegio, un
nenito de 14 o 15 años con ropita M57 y jabón en el pelo. Todos los
demás se me antojaban peligrosos, oscuros, exóticos... libres. Por algún
motivo que desconozco o quizás intuyo, pues Horacio podría haber sido
el guitarrista de Los Fabulosos Cadillacs y de El Siempreterno (tareas
que recalaron en Minimal), él siempre fue picante conmigo. Y está bien,
nunca esperé menos de un punk. Buen viaje”, saludaba. Y si lo de Minimal
no basta para ver a un Gamexane completo, más que conocido también como
tipo de trato difícil, cuando no jodidísimo, pero entregado a hacer y
hacer (en la última década colaboró con multitud de grupos, los produjo y
ayudó a publicar, además de reunir a Todos Tus Muertos y La Sobrecarga y
retomar antiguos proyectos que han quedado inéditos, como un disco de
Los Sedantes con Sergio Rotman y Midnerley Acevedo de Mimi Maura), por
ahí se consiguen libros de reciente edición que fundamentan su
importancia como guitarrista de relevantes bandas de esas tradiciones:
Derrumbando la Rosada y Gente que no, dos volúmenes de ensayos de
periodistas y músicos sobre el punk argentino entre el ’78 y el ’88, y
sobre los iconoclastas del post punk y el rock gótico local.
Y también, dos entrevistas que curiosamente fueron publicadas en
días consecutivos en este diario. Una sobre Todos Tus Muertos, banda
fundamental del mestizaje y la mixtura local del punk rock con la cumbia
y el reggae, en su regreso discográfico con Crisis mundial (suplemento
NO, 8-4-10); y otra sobre el retorno de La Sobrecarga (en esta sección,
9-4-10). En la primera, Villafañe aportaba un último autodefinido: “Yo
amo esto que hago. Ese es el objetivo: ser nosotros diciendo lo que
queremos decir. Mi intención es descargar, como me sucedía en la época
de los militares, cuando vi que el rock local había perdido su espíritu
rebelde de sus inicios y generé mi propio espacio de música y denuncia
con sentido. Para eso estamos. Por lo demás, aún falta mucho por
recorrer”.